El equilibrio, el yin y el yang

Hay dos fuerzas en el Universo, opuestas, pero complementarias, dos elementos indispensables el uno al otro que son fundamentales para crear, animar, destruir y reproducirlo todo de nuevo para mantener así una existencia continuada… en la cultura oriental china se conocen como el yin y el yang. Es decir, todo cambia de una forma constante, y estos cambios son los que rigen nuestras vidas y nuestro entorno natural. El yin que es la fuerza hacia fuera que da lugar a la expansión, creando frio, oscuridad, silencio. Por el contrario, el yang es la fuerza hacia adentro y da lugar a la contracción, al calor, al movimiento, a la luz.

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Dependiendo de la energía que predomina en las plantas, en los alimentos o en los individuos, estos serían más yin o más yang. Pero hay que tener en cuenta que todas las cosas son relativas, por lo tanto, nada es yin por completo ni yang tampoco. Cuando el yin alcanza su máximo se transforma en yang y el yang en yin. Además, el yin produce yang y por el contrario yang produce yin. Los buenos momentos pueden tornarse en malos y viceversa. Las noches y los días no son siempre iguales y uno da el paso al otro. Si el yin (la parte oscura) disminuye, el yang (la parte clara) crecerá en la misma proporción. Dentro del ciclo anual las estaciones también son yin (otoño – invierno) y yang (primavera – verano), y el ciclo de la vida también lo refleja: el yang es la infancia y el yin, la vejez.

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En la macrobiótica hay varios factores (el clima, la dirección y el ritmo de crecimiento de las plantas, la estación de recolección) que contribuyen a la clasificación de los alimentos yin y yang que a su vez pueden transformar sus características según el tipo de cocción, el fuego, el tiempo de preparación, la sal y la presión.

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En el cuerpo humano, los órganos también se clasifican según los principios yin y yang dependiendo del lugar donde estén situados o de sus funciones. Los órganos yin almacenan las sustancias más importantes como la sangre o los líquidos orgánicos de lo que se nutre el organismo, mientras los órganos yang desempeñan la función de digerir, transformar y eliminar los alimentos.

En cuanto a las personas, se pueden identificar según las características yin (nerviosas, preocupadas, indecisas, emocionales, introvertidas, con falta de concentración) o yang (inflexibles, exigentes, poco razonables, impulsivas, impactantes, o a veces agresivas) y pueden equilibrar sus estados comiendo alimentos del listado de la macrobiótica, según la clasificación de George Ohsawa y teniendo en cuenta que la naturaleza de cada alimento puede cambiar según la forma en la que se prepara o se cocina.

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Entre el yin y el yang hay cuatro relaciones básicas: oposición, equilibrio mutuo, interdependencia y transformación. Así pues, debemos de tener en cuenta también el hecho de que se puede producir un desequilibrio cuando hay un exceso de yin y una insuficiencia del yang y al revés, ya que el equilibrio de estos dos elementos es fundamental para la salud. De hecho, hay cuatro tipos de desequilibrados: el exceso de yin, el exceso de yang, la insuficiencia de yin y la insuficiencia de yang. Si el yin y el yang no están en armonía debido a los excesos o a una elección no apropiada en nuestra dieta diaria, a la actitud y a un estilo de vida desordenado, esto conlleva a la aparición de las enfermedades ya sean físicas o mentales.

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¿Como podríamos evitar esto? Aquí os dejo algunas sugerencias para obtener el equilibrio entre estas dos fuerzas, y lo primero sería pensar en positivo y así “crear nuestra propria vida, nuestra salud y nuestra felicidad”. Por otra parte, deberíamos ser llenos de alegría y de agradecimiento sin miedo a perder por el hecho de dar algo a los que necesitan… tener fe en las fuerzas del Universo y entender que todo pasa por una razón, vivir de una manera consciente, en paz y armonía con nosotros mismos y con los que nos rodean. Y como último punto, pero sin quitarle importancia, hacer ejercicio con regularidad, meditar y adoptar una dieta sana y equilibrada basada en la macrobiótica, eligiendo productos locales de los más naturales posibles.

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